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Una guerra quizás peor que la de Vietnam 15 mayo, 2007

Posted by marconius in El problemático Oriente.
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Diversos expertos norteamericanos de todo tipo están empezando a advertir de que la Guerra de Irak bien podría ser más perniciosa para el futuro de los EEUU de lo que fue en su día la Guerra de Vietnam.


 Los nuevos amos

En un reciente artículo publicado por el periodista Thomas E. Ricks el pasado 29 de abril en el Washington Post, se leen más malos augurios relacionados con la Guerra de Irak, esta vez dirigidos a los propios EEUU.

Que esta guerra, que ya se presupone como un desastre en ciernes, pueda infligir un daño mayor a los intereses de EEUU que el causado en su día por la Guerra de Vietnam, es lo que están empezando a temer diversos expertos norteamericanos en seguridad nacional, defensa, ejército y política internacional.

Con lo de “un daño mayor” estos expertos no dejan de aclarar que se refieren más bien a un daño a los intereses a largo plazo de los USA que a lo referente a pérdidas humanas o descontento social. De hecho, los entendidos subrayan en relación con esto último que en Irak, la tercera guerra más larga de la historia de los EEUU tras cinco años de conflicto, no se ha alcanzado un nivel similar ni en pérdidas humanas (58.000 soldados muertos y 150.000 heridos aproximadamente frente a los 3.387 muertos y 25.200 heridos contabilizados a fecha de hoy) ni en convulsión y rechazo social (no se ha generado ni un debate ni un movimiento de protesta tan siquiera similar) al alcanzado durante la guerra del sureste asiático.

No obstante, las características particulares del actual conflicto, y la delicada situación geoestratégica de Oriente Medio, hacen que, a juicio de estos expertos, las consecuencias negativas de lo que ya se vislumbra como una segura “no victoria” puedan, muy probablemente, superar a las ocasionadas por la histórica derrota en la anterior contienda.

Mala estrategia

El primero de los factores que hacen de Irak un peligro para el futuro de los EEUU es lo que los expertos citados en el artículo del Washington Post denominarían como la falta de una idea clara sobre la tarea a realizar en Mesopotamia.

Vietnam representó en su día una intervención dirigida en lo fundamental a detener “el avance del comunismo”, un peligro patente e inminente para los entonces defensores de la “teoría del dominó”, alarmista doctrina que postulaba apocalípticamente que si Vietnam caía en manos de los comunistas lo harían después uno tras otro todos los demás países asiáticos. Si bien esa teoría se demostró falsa a posteriori, bien es cierto que el conflicto de Vietnam se entendió siempre, incluso por muchos de sus oponentes, como parte de un empeño global de contención que siguió aplicándose incluso después de la caída de Saigón.

Sin embargo, y como afirma uno de los expertos citados en el artículo del Washington Post, el coronel retirado del Ejército de los EEUU Richard H. Sinnreich (veterano de los dos turnos de servicio de Vietnam), “la estrategia de Bush fue controvertida incluso antes de Irak, y la guerra en sí misma ha sido tan malamente administrada que incluso nuestros aliados dudan de nuestra competencia.”

Andrew F. Krepinevich Jr., un miembro retirado del Ejército y autor de uno de los más respetados estudios de los fallos militares de los EEUU en Vietnam, añade a esto: “Sabíamos en lo que nos estábamos metiendo en Vietnam. Aquí no. En contraste con ello, la administración Bush ha magnificado los problemas en Irak con una diplomacia negligente en el mundo musulmán y no desarrollando una política energética adecuada para reducir la significancia del petróleo de Oriente Medio.

Una zona más inestable y peligrosa 

En base a lo antes citado cabría decir que Vietnam, aparte de un campo de batalla en donde derrotar al comunismo antes de que éste se extendiese por doquier (un argumento utilizado también en Irak contra el terrorismo), no significaba mucho más para los EEUU, ni tenía ningún atractivo especial para justificar una intervención.

Sin embargo, Irak es diferente por una razón muy clara: está ubicada en mitad de Oriente Medio, en mitad de una buena cantidad de recursos fundamentales para la economía global y de todas las ambiciones que eso lleva parejas, en mitad de todas las tensiones que generan los distintos poderes opuestos que emergen por doquier en una zona tan inestable, y en mitad de la infinidad de conflictos provocados por la interacción entre ambos factores, en un sentido como en otro, entre ellos y sin ir más lejos el terrorismo yihadista. Es decir, como resaltan los expertos pesimistas: “Vietnam no tiene petróleo y no está en mitad de una región crucial para la economía global e infestada de terrorismo”.

En una zona tan trascendental es evidente que todo país que apueste se juega mucho a nivel no ya sólo local, sino también internacional. EEUU, que desde hace tiempo se juega a diario su dañado prestigio en una zona tan importante, ha apostado mucho en su ofensiva contra el terror. Una derrota en Irak, como aducen y han aducido repetitivamente muchos eruditos en la materia, representaría un grave y profundo revés geopolítico para los USA, cuyas consecuencias podrían perdurar durante años.

“Esto hace que Vietnam se vea como una fiesta” citaba el artículo al retirado general de las Fuerzas Aéreas de EEUU Charles F. Wald, un veterano de la Guerra de Vietnam. “La teoría del dominó acerca de que las naciones del sureste asiático se harían comunistas no se cumplió”, señalaba después, “pero con Irak los peores escenarios son los que más probablemente habrán de cumplirse”.

Derrota moral

Y no sólo en la economía o la estrategia repercutirán los errores de Irak. Los expertos vaticinan una mácula en la conciencia de la nación que creen incluso que superará al ya famoso “síndrome de Vietnam“, dando lugar a lo que sería una suerte de “síndrome de Irak”.

Erin M. Simpson, una experta en contrainsurgencia de la Universidad de Harvard, sostiene en el artículo: “Creo que la resaca de esta guerra será al final tan mala como la de Vietnam, y no deberíamos sorprendernos por un creciente movimiento por el aislacionismo y a favor del retraimiento”.

La experta estaba también preocupada por el posible surgimiento de una “narrativa del apuñalamiento por la espalda”, acerca de quién perdió la guerra, haciendo referencia con ello a la postura que el Ejército de los EEUU mantuvo tras la guerra de Vietnam, y en la que aseguraba que la derrota se debía no a una mala actuación por su parte (que, según defendía, había sido exitosa) sino a la falta de apoyo y confianza de la clase política y de la población civil en su propio país. Para la experta, este argumento podría envenenar el discurso entre los líderes políticos y militares en los años venideros.

Pero, además de por la derrota en sí, este nuevo síndrome vendría dado también por la responsabilidad moral de los estadounidenses en el conflicto y por los remordimientos de sus futuras repercusiones, que ya en la actualidad resultan trágicas (cuatro millones de desplazados internos y externos, un enfrentamiento civil y sectario, una población desabastecida y desnutrida y un número indeterminado de muertos de entre 69.000 y 600.000).

“Vietnam estaba inmersa en una guerra civil en ciernes cuando los EEUU intervinieron, mientras que la guerra civil iraquí no empezó hasta después de la intervención estadounidense,” dijo al respecto para el periodista del Post un miembro del Departamento de Estado que sirvió en Irak y no está autorizado a hablar con los medios. “Esto lo hace mucho más grave –moralmente hablando- para nosotros a la hora de desvincularnos, por lo menos desde el cargo que yo ocupo.”

 

Aunque desde luego existen otros expertos que opinan lo contrario, bien porque creen todavía en la victoria en Irak o bien, como la mayoría, porque aún previendo la derrota opinan que las consecuencias no serán al final tan desastrosas, el mero hecho de que comiencen a surgir voces dibujando un porvenir tan negro resulta verdaderamente sintomático del daño, mayor o menor, que esta guerra ya le ha ocasionado a los EEUU, sobre todo en el plano moral.


Los ocupantes

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