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Dime a quién vendes y te diré lo que eres 15 marzo, 2007

Posted by marconius in España.
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Se quejaban con virulencia varias ONG al Gobierno, ya desde el 2005, y sobre todo durante el 2006, de que en España apenas se regulaban las exportaciones de armas hechas a terceros países.

Y cuando en diciembre del 2006 se aprobó por fin, más de un año después de la promesa hecha por el ejecutivo, un nuevo proyecto de ley sobre el Control del Comercio Exterior de Material de Defensa y de Doble Uso, algunas de ellas se mostraron todavía descontentas y recelosas por considerar “insuficiente” la susodicha nueva ley.

¿Se quejaban en su día sin razón? Las evidencias que mostraban a España como primera fuente de munición del África subsahariana, o que sacaban a la luz negocios hechos con países que no respetaban los derechos humanos, venían a demostrar que no.

¿Se siguen quejando ahora sin razón? Depende pues, por lo que parece, durante todo el 2006 el Estado español se ha lucrado más que nunca con la venta de armas, y ha cerrado de nuevo multimillonarios negocios claramente no demasiado respetuosos con el espíritu que inspiró la ya citada ley.

El “depende” radica en que, quizás, esto suceda porque la susodicha ley recién aprobada es en verdad “insuficiente”, como aseguran las ONG, lo que vendría a significar, por tanto, que se puede mantener de hecho esta vergonzante situación ya antes denunciada.

O quizás sea que la susodicha ley es tan sumamente eficaz que el Gobierno ha querido ventilar y resolver sus negocios “menos limpios” antes de que ésta entre en vigor, recurriendo a aquello de los “hechos consumados” sobretodo en un asunto particularmente delicado y que atañe a nuestro vecino del sur.


En el primer semestre de 2006 España aumentó en más de un 150% las ventas de armas a otros países con respecto al primer semestre del 2005, unas ventas estas valoradas en casi 439 millones de euros que ya de por sí superan en cuantía a todas las realizadas a lo largo del año 2005, un año no precisamente escaso en este tipo de transacciones.

Lo cierto es que la causa de tal aumento con respecto a la dinámica que mostraba el año anterior se debe sobre todo a un hecho puntual, como es la venta de una patrullera a Noruega, negocio que por sí solo reportó 267 millones de euros.

No obstante, y dejando a un lado este lucrativo negocio de la fragata, los datos facilitados por la Secretaría de Estado de Comercio ya reflejan de por sí un volumen de negocio nada desdeñable de 171 millones en un semestre.

Y a esto habría que añadirle, a la hora de calcular el monto total de todo el 2006, los 200 millones de un negocio que hace apenas unos meses se cerró con nuestro vecino del Magreb.

El controvertido trato cerrado con Marruecos

En plena vorágine de venta de armas España firmó con Marruecos, a finales de 2006, un acuerdo por el que recibirá 200 millones de euros al vender a la monarquía alauí 1.200 vehículos blindados, 800 camiones militares y 10 patrulleras.

Todo eso estaría muy bien si no fuese por una de las principales tareas en las que está empleado el ejército marroquí, principal beneficiario y receptor de dicha transacción: ocupar el Sáhara Occidental.

Este pequeño detalle es lo que hace de esta venta un asunto ciertamente controvertido, pues parece evidente para qué se empleará todo este equipamiento (en efecto, no será precisamente para retirar con la máxima comodidad a las tropas invasoras).

Todo lo cual no está, lo que se dice, muy bien visto ni por el Código de Conducta de la Unión Europea ni por la propia ley recién admitida a trámite en España en diciembre de 2006, a las que cabe citar, pues dicen cosas como estas:

“No se expedirá una licencia de exportación cuando exista un riesgo manifiesto de que la exportación propuesta pueda utilizarse en acciones que perturben la paz, la estabilidad o la seguridad […], o puedan ser usados de manera contraria al respeto a la dignidad humana, con fines de represión interna o en situaciones de violación de los derechos humanos”.

“No se expedirá una licencia de exportación cuando exista un riesgo manifiesto de que el receptor previsto pueda utilizar el producto exportado para agredir a otro país o para imponer por la fuerza una reivindicación territorial”

Ambos textos poseen muchos otros artículos también muy interesantes, pero sólo con leer estas líneas parece bastante claro que no armonizan con la labor que realiza el ejército marroquí en el Sáhara.

Si se trata de poner ejemplos de esta “labor”, y se obvia el factor ya de por sí decisivo de que se trata de una ocupación ilegal, basta recordar el muro que Marruecos ha levantado en el desierto para combatir al Polisario, o la continua represión de la rebelión civil pacífica iniciada desde el 2005 por grupos saharauis.

El muro marroqu� (fuente www.sahara-occidental.com)

Quedar bien con el cordial vecino

Claro que esta venta, que ha desatado las encendidas protestas de Argelia y del Frente Polisario, no parece chocar con la que se está demostrando es la nueva postura política española frente al contencioso del Sáhara: apoyar una nueva iniciativa marroquí, que ofrece unilateralmente (o sea, que “concede”) a la antigua colonia española la autonomía, excluyendo hábilmente al mismo tiempo cualquier opción de independencia.

En su reciente viaje “cordial” a Marruecos, Zapatero calificó de “responsable” su política de mostrar “interés” por esta iniciativa de Rabat, y de pedir a Argelia y al Polisario retomar la negociación en base a este proyecto.

De esta propuesta hablaba también el primer ministro marroquí diciendo que servía para “defender la integridad de nuestro territorio (Marruecos)”, olvidando por lo visto que el Sáhara no es “su” territorio, sino que es un territorio que invadieron y han ocupado durante más de 30 años.

Y en medio de estas mil veces calificadas como “cordiales” reuniones se ha esquivado otro asunto que revela hasta qué punto cabe plantearse el venderle armas al ejército de tan “cordial” régimen ocupante: las recientes gestiones iniciadas en la Audiencia Nacional para la admisión a trámite de una querella interpuesta contra 31 ex-gobernantes y ex-militares marroquíes por la desaparición de un total de 542 saharauis desde 1975.

 

De seguro, esta actitud es del tipo de cosas que algunos siempre justifican en base a las tan manidas “razones de Estado” y las todavía peor llamadas “políticas responsables”. En teoría, suelen decir sus defensores, todo es muy bonito, pero en la práctica uno ha de actuar de forma realista, para asegurar los intereses de aquellos a quienes representa y de los que se es responsable.

Pero quizás ni aduciendo un punto de vista tan sórdido (por no decir miserable) es ésta la mejor actuación posible, ni en el ámbito práctico del interés nacional, ni desde luego en el idealista de la lucha por la dignidad humana.

Ya se sabe que uno acaba recogiendo lo que siembra, que lo que está podrido desde un principio no tiene remedio, y que un árbol que crece torcido nunca se enderezará.

Por ello, no sólo reconocer, sino además beneficiar y apoyar a un gobierno como el marroquí, una monarquía autoritaria y represiva, supone cebar a un ogro (pues por naturaleza no puede ser otra cosa) que seguramente, y como suele suceder, nos dará como contrapartida futuros quebraderos de cabeza aún más serios de los que ya nos ha dado antes, precisamente cuando sus ambiciones no puedan seguir siendo saciadas tan fácilmente y justo cuando, gracias al creciente poder que se le está ayudando a obtener, no se vea ya en la obligación de negociar, y pueda por ello intentar imponerse por la fuerza como, cabe repetir, ya ha hecho antes.

Todo esto sin mencionar la vergüenza que supone enquistar aún más un problema como es el del Sáhara Occidental. Si las situaciones desesperadas dan lugar a medidas desesperadas, ¿qué se verán finalmente obligados a hacer los saharauis para que el mundo les haga caso de una vez?

El cordial Zapatero y el cordial Mohamed VI


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