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Los helicópteros no se caen solos… les tiran 5 marzo, 2007

Posted by marconius in El problemático Oriente.
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El año 2007 está siendo, hasta el momento, un año bastante complicado para los militares estadounidenses que ocupan Irak.

A una aún más si cabe complicada situación estratégica, a las inagotables acciones de la insurgencia, a los roces cada vez mayores con las milicias chiíes y a un índice de bajas particularmente alto en las últimas semanas, se les une otro dato alarmante: En lo que va de año EEUU ha perdido siete helicópteros en Irak. Y no por un desafortunado cúmulo de accidentes, sino porque la insurgencia les ha abatido.


Mal comienzo de año 2007 para los militares estadounidenses: Irak va cada día a peor, y el esfuerzo que supone la nueva operación en Bagdag no parece que esté dando sus frutos (a pesar del optimismo de algunos). Por otro lado, sólo durante los últimos cinco meses la media de muertos ha sido superior a la habitual, con más de 450 soldados caídos (sin contar otros 22 entre los demás aliados), una cifra que ha ayudado a llegar antes al psicológico hito de los 3.000 muertos en Irak, que se rebasó prácticamente durante el cambio de año, como si de un regalo de Navidad podrido se tratara.

Y más malas noticias si cabe: ya van siete helicópteros perdidos en Irak en lo que va de año, y no precisamente por accidentes, sino por fuego hostil, el último el pasado 21 de febrero. En estos ataques han muerto 28 soldados y 5 contratistas de la empresa de seguridad Blackwater USA, todos ellos estadounidenses.

Uno puede quedarse meramente con estas cifras y asombrarse de semejante ritmo de pérdidas. En su último balance oficial, hecho público a mediados de febrero del año pasado, el ejército de EEUU reconocía la pérdida hasta ese momento de 85 helicópteros en Irak y en Afganistán. Si el ejército de EEUU perdiese 7 helicópteros cada dos meses en Irak, al finalizar el 2007 habría perdido más de 40 sólo en un año.

Pero hay algo más que uno puede preguntarse: ¿por qué un ritmo tan alto de derribos durante estos últimos meses? ¿Qué está haciendo la recalcitrante insurgencia iraquí para infringir semejante ritmo de pérdidas, nunca antes igualado?

Pues de seguro que recibir armas que le permita derribar helicópteros fácilmente. Y puede que de los saudíes, nada menos.

La conexión saudí

Hace cosa de un par de meses aparecía una noticia, firmada desde El Cairo por un tal Salah Nasrawi para Associated Press, que decía así:

“Ciudadanos saudíes están, de forma privada, dando millones de dólares a los insurgentes sunníes de Irak, y gran parte de ese dinero es usado para comprar armas, incluyendo misiles antiaéreos ligeros, de acuerdo con oficiales iraquíes y otros individuos relacionados con el flujo de estos fondos.”

Según el artículo, escrito en base a las investigaciones del estadounidense “Grupo de Estudio de Irak”, los saudíes son una fuente de financiación para los árabes insurgentes. No de forma oficial, entendiendo como tal una ayuda concedida por el Gobierno de Riad, sino clandestina, por parte de diversas redes de donantes formadas por particulares.

Y decía más. Citando como fuente a varios camioneros que cruzaban la frontera entre Arabia Saudí e Irak, y a dos oficiales iraquíes de alto rango hablando desde el anonimato, el periodista escribía que, efectivamente, existía un tráfico de cajas de caudales desde Arabia Saudí a Irak, dinero que, al parecer, iba dirigido a los insurgentes, canalizado mediante una red de donaciones privadas, llamadas Zakat, recolectadas tradicionalmente para causas islámicas y para caridad. De hecho, algunos ciudadanos saudíes no estarían aportando estas ayudas a la insurgencia de forma consciente, pues se estarían limitando a darlo a los clérigos que lo canalizan a su vez a las fuerzas anticoalición.

Seguidamente, el artículo decía que “muchos conductores” entrevistados por AP en las capitales del Medio Oriente aseguraban que los saudíes habían estado usando los eventos religiosos, como la peregrinación a la Meca, como tapadera para las transferencias de dinero ilícitas, y que parte de ese dinero se cargaba en autobuses que viajan a Irak junto con los peregrinos que regresaban a casa. A muchos camioneros se les decía qué había en las cajas para asegurarse de que esconderían el dinero a las autoridades en la frontera.

Misiles Strela

Y el artículo también decía lo siguiente: que había una pista fehaciente sobre 25 millones de dólares que, al parecer fueron a parar a un alto clérigo sunní, y luego usados para adquirir armas, incluyendo misiles Strela en el mercado negro de Rumanía.

El Strela es un tipo de misil antiaéreo de fabricación rusa que puede manejarse individualmente apoyado en el hombro. Si la insurgencia en verdad posee este tipo de armas (de las que ya había unos pocos ejemplares en el Irak anterior a la invasión y que desaparecieron) podría explicarse la causa de la última oleada de derribos de helicópteros estadounidenses.

Lo cierto es que, de tener la insurgencia iraquí acceso a esta clase de arsenal, el peligro que correrían los soldados estadounidenses en Irak crecería, pues el ejército norteamericano se ha visto últimamente obligado a servirse en gran medida del transporte aéreo ante la inseguridad que representan unas carreteras sembradas de dispositivos explosivos (los temibles IEDs) o emboscadas por grupos de guerrilleros cada día más osados y eficaces.

Como fuere, a principios de diciembre de 2006 un portavoz del insurgente partido Baaz iraquí aseguró que guerrilleros armados precisamente con un misil Strela habían derribado el caza norteamericano que se había estrellado por causas desconocidas en Al Anbar a finales de noviembre.

Soldado chino usando un Strela

Una hipótesis más que viable

Evidentemente, diversas fuentes oficiales saudíes han negado desde entonces que su país, el mayor aliado de EEUU después de Israel en la zona, sea una fuente de apoyo financiero para los insurgentes.

Sin embargo, y obviando las posibles pruebas que pueda haber o no, la hipótesis de la conexión saudí no es tan descabellada: al fin y al cabo, allá donde haya una yihad fluye el abundante dinero saudí, dinero que demasiado a menudo va a parar a manos de individuos que luego se vuelven contra sus aliados o incluso contra su propio gobierno, como ha sucedido con Al Qaeda. Hace poco se ha visto de nuevo este fenómeno cuando han salido a la luz indicios de la existencia de dinero saudí en manos de los Tribunales Islámicos somalíes (ver: Frenar el avance islamista).

Los ciudadanos saudíes tienen estrechos lazos tribales con los árabes sunníes en Irak, y simpatizan con sus hermanos en lo que ellos ven como una lucha por el control político y la supervivencia contra los chiíes.

Además, el Gobierno Saudí está determinado a frenar la creciente influencia de su principal rival en la región: Irán. Si eso ha de hacerse combatiéndole en Irak pues que así sea. Teherán está muy unido a los partidos chiíes que dominan el Gobierno iraquí, y resultaría natural que Arabia Saudí se uniera a los grupos insurgentes sunníes para contrarrestarles, aunque las fuentes oficiales del Gobierno saudí digan que su reino ha trabajado con todos los bandos para reconciliar a las facciones enfrentadas en Irak, incluyendo conversaciones en Arabia Saudí con el clérigo chií Muqtada al-Sadr, cuya milicia está acusada de matar sunníes.

Sea como fuere, lo cierto es que un ciudadano saudí que en su día encabezó un grupo de consultas de seguridad muy cercano al Gobierno Saudí, un tal Nawaf Obaid, escribió en el Washington Post, a finales de noviembre del pasado año, que Arabia Saudí usaría dinero, petróleo y recursos para los sunníes a fin de contrarrestar los esfuerzos iraníes de dominar Irak si las tropas norteamericanas se retiraban. El Gobierno Saudí rechazó el informe y despidió inmediatamente a Obaid.

 

Ante la incapacidad de saber a ciencia cierta si todo esto puede ser verdad, quedémonos al menos con un ilustrativo refrán popular: “cuando el río suena, agua lleva”.


(Un misil Strela en acción en Irak:)

(Otro en acción en lo que parece Afganistán)

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