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Algo está pasando en Somalia 4 enero, 2007

Posted by marconius in El problemático Oriente.
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Dos fuerzas diferenciadas combatían en lo que era el último episodio de la interminable guerra civil de Somalia: La Unión de Tribunales Islámicos (UTI) contra los señores de la guerra “laicos”. En junio de 2006, las fuerzas islamistas derrotan a sus adversarios, toman la capital, Mogadiscio, y arrinconan a los restos de sus enemigos al norte del país. Y cuando parece que van a hacerse con el control de toda Somalia, la vecina Etiopía lanza una ofensiva en toda regla en apoyo de los enemigos de los tribunales islámicos, y en menos de una semana llega hasta Mogadiscio, para seguir después y acorralar a los islamistas al sur del país, en la frontera con Kenya.

No hay que ser demasiado perspicaz para notar que algo se cuece en el cuerno de África…


Soldados somalies retoman Mogadiscio de los islamistas (Fuente: geocities.com) 

Ya a comienzos de este año 2006 empezó a ser internacionalmente conocida una fuerza somalí llamada Unión de Tribunales Islámicos (UTI). Esta “nueva” fuerza, de reciente creación, y hasta entonces una de tantas entre todas las que pugnaban por hacerse con el control de Somalia, lanzó, en la primavera de 2006, una victoriosa ofensiva contra las milicias de los diversos señores de la guerra que se repartían la mayor parte del país, y que, de forma provisional, se habían coaligado contra ella en la llamada Alianza para la Restauración de la Paz y Contra el Terrorismo.

El avance se dio a tal ritmo que, en junio, la UTI había logrado arrebatar a sus oponentes el control de la capital, Mogadiscio, y más aún, durante los meses siguientes fue arrinconándoles contra la frontera con Etiopía.

Sin embargo, y cuando los últimos enemigos de los islamistas parecían perdidos, atrincherados a duras penas en la ciudad de Baidoa mientras se preparaban a resistir el último envite, empezaron a escucharse rumores acerca de tropas etíopes ayudando a los resistentes.

Entre estos resistentes de Baidoa se encontraba lo más parecido al gobierno de Somalia, el virtual Gobierno de Transición somalí del presidente Abdullahi Yusuf, precisamente en la ciudad que le servía desde hacía varios años de sede y único territorio del país sobre el que ejercía algo de influencia.

Etiopía, que desde hacía años apoyaba oficialmente a este gobierno, y que recibió de él varias peticiones de ayuda ante el acoso islamista, le esgrimió como excusa, junto a la de defender su “amenazada” soberanía, para intervenir en el país vecino.

La UTI comenzó a denunciar la presencia de tropas etíopes en Baidoa enfrentándose contra sus milicianos. Etiopia por su parte lo negaba sistemáticamente, pero en octubre, y ante la evidencia sobre el terreno, los islamistas declararon la guerra a su vecino y proclamaron la yihad contra los Etíopes.

Finalmente, el ejército de Etiopía, superior militarmente, lanza a partir del 24 de diciembre una gran ofensiva que, en menos de 6 días, pone contra las cuerdas a los islamistas y les expulsa de Mogadiscio. Las tropas etíopes restablecen al Gobierno de Transición y los islamistas rechazados se retiran a la ciudad sureña de Kismayo, que es abandonada y tomada pocos días después por los soldados etíopes.

Las tropas ocupantes instauran la ley marcial, inician un proceso de desarme de la población, y tanto el primer ministro etíope, Meles Zenawi, como el propio primer ministro del Gobierno de Transición somalí, Ali Mohamed Gedi, aseguran una vez en la capital, que las tropas invasoras se quedarán el tiempo que sea necesario, y ofrecen a la par una amnistía a los combatientes de las milicias islamistas en retirada.

Todo esto a pesar de los llamamientos a Etiopía para que retire sus tropas por parte del Consejo de Seguridad de la ONU (que había aprobado un eventual envío de tropas), de la Unión Africana y de la Liga Árabe.

La intervención de Etiopía tiene un porqué, es evidente, y el porqué no se circunscribe tan sólo a sus propios intereses locales. Para entender el porqué de todo esto primero hay que saber algo sobre la situación actual de la depauperada y desgarrada Somalia.

Un país resquebrajado

Mapa de Somalia (Fuente: go.hrw.com)

Somalia es lo que suele conocerse como un estado “fallido” (sin un gobierno efectivo), considerado uno de los territorios más peligrosos del mundo (sus costas son el escenario de frecuentes actos de piratería) y cuya historia reciente y situación actual son el reflejo de un auténtico caos:

Para empezar, debe a la colonización de italianos, británicos y franceses el germen de varios conflictos posteriores, pues los europeos, como hicieran en muchas otras partes de África, dividieron arbitrariamente en tres estados (Somalia, Eritrea y Dibujti) una zona antes homogénea. En la propia Somalia además, la unión entre la zona norte del país y la zona centro-sur nunca ha llegado a cuajar, y para terminar, en la región de Ogadén de la vecina Etiopía, una gran parte de la población es de origen somalí, y vive separada del resto de sus compatriotas del otro lado de la frontera.

Tras su independencia en 1960, Somalia sufrió en sus carnes las consecuencias de la Guerra Fría, y estuvo fluctuando entre el acercamiento a la URSS o a occidente, por el que finalmente se decantó cuando la URSS apoyó a su tradicional rival, Etiopía, en la guerra que enfrentó a ambos países en 1977 precisamente por la antes citada Ogadén. En ese tiempo, y a pesar de su alianza con occidente, la situación económica del país se hizo muy precaria.

A partir de 1987 surgieron diversas milicias opositoras al gobierno del presidente Mohamed Siad Barre, en el poder desde 1969 tras un golpe de estado. En 1991 estas fuerzas derribaron a Barre, pero inmediatamente los distintos señores de la guerra que habían luchado contra el dictador se enfrentaron entre sí y se repartieron el país, aplicaron su propia ley y comenzaron una interminable guerra civil, agravada además por frecuentes crisis humanitarias.

En 1992, los EEUU, apoyados por la ONU, lideraron una fuerza de intervención humanitaria llamada UNITAF, y establecieron un embargo de armas. Sin embargo, la misión se abortó en 1994, luego de 151 cascos azules muertos en varios incidentes graves, de los cuales el más sonado fue el ocurrido durante una fallida incursión en Mogadiscio por parte de tropas estadounidenses, en octubre de 1993, cuando 18 norteamericanos cayeron combatiendo contra milicianos de uno de los principales cabecillas enfrentados en la guerra civil, Mohamed Farrah Aidid.

Desde entonces, el país se mantuvo en el caos y además dividido, con la región noreste de Puntland en una suerte de independencia de facto autoproclamada, lo mismo que la región norteña de Somaliland.

A partir del 2000, tras muchos esfuerzos para solucionar la anarquía, surgió una suerte de gobierno de transición reconocido por la ONU, con un presidente, Abdullahi Yusuf, y un parlamento. No obstante, el país seguía todavía fragmentado en feudos a comienzos del 2006, y el proclamado Gobierno de Transición y sus cargos, establecidos en la ciudad de Baidoa pero sin contar con autoridad real, funcionarios o sedes sobre el terreno, mantenía un diálogo estéril con las diferentes facciones. Se da la paradoja de que, aunque apoyándose en ellos, este gobierno estaba mantenido por quienes precisamente eran también los causantes de que no pudiese gobernar, los ya mencionados señores de la guerra “laicos” (no islamistas).

Black Hawk en Mogadiscio, 1993 (Fuente: wikipedia)

De perseguir ladrones a la mayor fuerza armada de Somalia

Las primeras cortes islámicas nacieron como milicias financiadas por comerciantes locales del sur de Mogadiscio para imponer cierto orden en las anárquicas calles de Somalia. A esta ayuda se le unió la procedente de diversas organizaciones wahabíes (versión extremista del Islam sunní, que siempre ha ayudado a expandir Arabia Saudí) e incluso la de ciertos grupúsculos integristas. Al poco tiempo, varias cortes se unieron y crearon la Unión de Tribunales Islámicos, la mayor fuerza armada del país, liderada por el jeque Hassan Dahir Aweis.

La UTI predica la unidad de todo el territorio somalí bajo una única fuerza política y la aplicación estricta de la Sharia musulmana. En su línea dura, también pretenden oponerse a la influencia cultural extranjera, y no esconden ambiciosos planes territoriales, como incorporar Ogadén a Somalia y retomar el control de las dos zonas semi-autónomas de Puntland y Somaliland.

Aunque muy drásticos a la hora de aplicar justicia (aplicando la Sharia de forma literal, cortándoles las manos a los ladrones, por ejemplo), y extremos en cuanto a sus concepciones sociales (prohibieron películas y música extranjera, y cerraron los cines) la UTI disfrutó de popularidad entre la población por haber podido, por primera vez en muchos años, mantener cierto orden y paz en los territorios sometidos a su control.

Sin embargo, no a todo el mundo parecía gustarle la UTI…


Hassan Dahir Aweis

Comentarios»

1. mauri - 13 septiembre, 2007

hola solo quiero desir que es muy triste ver que un pais como somalia la gente vivan en guerra esa gentepobre umilde que no tiene que comer que paresen esqueletos caminadon por las calles esa gente que sufre y ese gobierno que solo quiere guerra pero no se da cuenta que su pais esta cada vez mas peor


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