jump to navigation

Faluya, dos años después del asedio, sigue siendo una ciudad insurgente 2 diciembre, 2006

Posted by marconius in El problemático Oriente.
trackback

Cuando se cumplen dos años desde que la ciudad iraquí de Faluya fuese asediada por segunda vez consecutiva y finalmente conquistada por los marines estadounidenses, numerosas pruebas muestran con claridad que la resistencia, supuestamente erradicada tras la sangrienta batalla de noviembre del 2004, ha vuelto a reorganizarse y a infiltrarse dentro de la ciudad. A pesar de su brutal conquista y de las exhaustivas y draconianas medidas de seguridad, los testimonios de vecinos, policías e incluso soldados y mandos estadounidenses destacados en la ciudad de Faluya, indican que, desde mediados de agosto, han aumentado los ataques, las bajas entre marines y fuerzas de seguridad, y se ha perdido el control efectivo sobre multitud de áreas en la ciudad y en la periferia.


Image Hosted by ImageShack.us

Hasta este agosto, Faluya ha sido relativamente tranquila, incluso para el estándar iraquí, aunque la situación nunca ha llegado a apaciguarse del todo, ni tan siquiera al menos relativamente, como quizás pueda estarlo en otras áreas del país (como por ejemplo, las provincias sureñas de Muthanna, Nayaf, o Qadisiyah, alejadas de los principales conflictos o, exceptuando las ciudades de Kirkuk o Mosul, las zonas norteñas que poseen un gobierno kurdo autónomo desde hace años).

Sin embargo, el empeoramiento de la situación en el resto de Irak ha afectado también a la ciudad de Faluya. La degradación de las condiciones de seguridad y el escaso control gubernamental (males endémicos), unido a la común oposición a la ocupación que sienten todos los iraquíes, al hecho de que se siguen viviendo periódicos choques entre las diversas milicias (especialmente las de Al-Sadr) y las fuerzas de seguridad y/o las tropas ocupantes, y unido todo ello al hecho fundamental de que los tradicionales grupos insurgentes no han cejado en su lucha contra las tropas de la coalición y los colaboracionistas, todos estos factores han provocado, en definitiva, que el ejército estadounidense se viese obligado, una vez más, a iniciar una serie de ofensivas locales a finales de este verano para intentar retomar el control que había ido perdiendo en muchas zonas del país.

Muy probablemente además, la cercanía de las elecciones para el congreso y el senado estadounidenses influyeron también en el equipo de la Casa Blanca de George Bush a la hora de aparentar hacer algo para mejorar en lo posible, al menos a los ojos de su cada vez más crítica opinión pública, el estado de las cosas en el país ocupado.

Sea como fuere, lo cierto es que, más o menos desde finales de este verano, las tropas estadounidenses comenzaron una nueva campaña contra la insurgencia en el famoso triángulo sunní (el área triangular que se encuentra entre las localidades de Bagdad, Ramadi y Tikrit, verdadero corazón de la insurgencia desde los comienzos de la ocupación), que por otra parte se ha acabado demostrando completamente inútil. Los norteamericanos llevaron a cabo diversas operaciones de combate contra los insurgentes en Ramadi, donde se llegó sin embargo a que, a mediados de octubre, miles de milicianos tomaran completamente la ciudad y proclamaran un “Califato Islámico sunní independiente”. Al tiempo, el Pentágono desplegaba también una cantidad adicional de miles de tropas en Bagdad, con el objetivo declarado de mejorar la seguridad y disminuir la muerte de civiles iraquíes en atentados y asesinatos, especialmente cuantiosa durante los últimos meses, y que hizo que las tropas ocupantes aumentasen de nuevo hasta sumar más de 140.000 soldados. También en este caso, es evidente que el objetivo declarado no se ha cumplido, porque aunque las muertes violentas disminuyeron en cierta medida durante las primeras tres semanas, acabaron repuntando de nuevo inmediatamente después, y la situación siguió empeorando hasta tal punto que, a día 23 de noviembre, entre 150 y 200 chiíes morían en una serie de ataques coordinados contra el barrio bagdaguí de Ciudad Sáder.

Insurgentes en Faluya

Varios oficiales militares en Faluya piensan que todas estas ofensivas, unidas al realce de la resistencia de los últimos meses, pueden haber empujado probablemente a los insurgentes de nuevo hacia la ciudad. Fuesen cuales fuesen las razones, tanto las estadísticas, como los testimonios que Jay Price y Mohammed Al Dulaimy recabaron entre marines, ciudadanos y policías iraquíes, en su reportaje para el McClatchy News Service del pasado 8 de Noviembre, y publicado en la edición digital del Startribune (www.startribune.com), demuestran un agravamiento serio de la situación en Faluya, especialmente desde agosto de 2006.

Según parece, los insurgentes vuelven a representar una amenaza real y diaria para las fuerzas del orden. Sus últimas acciones en Faluya han sido tan efectivas que las patrullas de policía comienzan a ausentarse y los agentes temen patrullar las calles. El número de tiroteos, bombas encontradas y desactivadas, explosiones y emboscadas, se ha doblado desde el invierno pasado a unas cuatro o cinco al día, como aseguran diversos oficiales estadounidenses. Ha habido cerca de media docena de coches bomba en las semanas más recientes, durante las cuales han muerto dos consejeros municipales y al menos 30 policías. Como además, muchos agentes eran atacados en sus propias casas o en las comisarías a donde se habían marchado a vivir para mayor protección, gran parte de ellos ha desertado. La deficiente coordinación entre el ejército iraquí, dominado por los chiíes y sospechoso de estar infiltrado por las milicias, y la policía de la ciudad, sunní al igual que su población, y acusada a su vez por el ejército de estar infiltrada por la insurgencia, es conflictiva y recelosa.

Los residentes y la policía contemplan a un mismo tiempo cómo, después de dos años, la seguridad se está erosionando en lo que hubo sido el escenario de un aparentemente aplastante triunfo norteamericano, y gran parte de la población, además, simpatiza con la insurgencia.

Esto no es del todo nuevo. Tan sólo ocho meses después de su conquista por los marines norteamericanos, cuando ya habían vuelto a Faluya 140.000 antiguos residentes, se empezaba a dar la voz de alarma acerca del resurgimiento de la insurgencia en la que debería ser la ciudad más segura del país. Vuelta a la fabricación de coches bomba, a nuevos ataques (uno de ellos mató de una vez a 6 uniformados estadounidenses en verano de 2005), bombardeo de dos de las cinco fortalezas policiales de la ciudad, dimisión repentina de miembros del consejo municipal tras recibir amenazas… y el gradual cambio en la opinión de sus vecinos, que pasaron de preferir una ciudad tranquila y libre de pistoleros, a volver a simpatizar con la insurgencia, debido tanto a las secuelas de los brutales asedios, como a la precariedad de la vida cotidiana y, sobretodo, al maltrato y la humillación diaria que los residentes sufren a manos de las fuerzas estadounidenses y gubernamentales.

Los mandos estadounidenses de los marines, la fuerza de élite desplegada en las zonas del triángulo sunní para luchar contra la insurgencia, todavía mantienen el optimismo, al contrario que la policía de la ciudad. Y eso a pesar de que sus propias estadísticas no resultan demasiado halagüeñas: Faluya nunca ha estado totalmente pacificada, y pese a los asedios a que fue sometida durante el 2004, siguió registrando un incesante goteo de muertes entre las tropas norteamericanas. Según las estadísticas, provenientes de los datos oficiales del propio Departamento de Defensa estadounidense, en Faluya han muerto, a día 30 de noviembre del 2006, 246 de sus soldados, la gran mayoría del cuerpo de marines, lo que representa aproximadamente el 8% de todas sus bajas en la guerra de Irak. La mayoría cayó en combate durante los dos asedios del 2004 y durante el período de tiempo de 6 meses que transcurrió entre ellos, ya fuese combatiendo en la ciudad o en las numerosas acciones de guerrilla que se desataron contra la retaguardia y las líneas de suministro. Después, durante el primer año posterior a la toma de la ciudad, murieron unos 18 soldados en distintos incidentes, una media de menos de 2 muertes al mes. Sin embargo, durante el segundo año, el parte de bajas ha aumentado a aproximadamente 50, lo que supone 4 al mes, con 19 muertes registradas tan sólo durante los 3 últimos meses que han transcurrido desde mediados de agosto.

Aparte de en todas estas estadísticas, basta fijarse en los últimos sucesos: Hace tan sólo un par de semanas, un grupo de francotiradores atacaba la oficina central estadounidense en la ciudad, aunque sin provocar muertos.

Opresivas medidas de seguridad

Todo esto a pesar de las condiciones en que se vive dentro de la ciudad. Las medidas de seguridad son fortísimas desde el último asedio. Para empezar, cuando concluyeron los enfrentamientos, la población (de entre 350.000 y medio millón de personas), que fue obligada en su mayor parte a huir antes o durante los combates, vivía o bien en otras ciudades y pueblos (recurriendo a familiares o amistades) o hacinada en enormes campamentos de refugiados montados alrededor de la ciudad, una situación en la que siguen algunos de ellos a día de hoy (se estima que unas 65.000 personas a mediados del 2006). Antes de dejarles volver a sus casas, las tropas estadounidenses se aseguraron de despejar completamente la ciudad casa por casa y calle por calle, y después impidieron durante semanas la entrada a todos los civiles hasta que no les fueron clasificando y sometiendo a un extraordinario sistema de identificación. Se establecieron numerosos controles para entrar o salir, y las fuerzas de seguridad y los militares se instalaron en el perímetro.

Hoy en día, para entrar o salir de Faluya hay innumerables restricciones: ni siquiera se permite la entrada a los residentes de los pueblos y ciudades vecinas, los civiles iraquíes han de superar los sucesivos controles que rodean Faluya desplegados por fuerzas iraquíes o estadounidenses, y cualquier persona que quiera visitar la ciudad necesita una chapa de seguridad que se consigue únicamente siendo un oriundo de Faluya de cierta clase social. Al tiempo, han de someterse a un arduo proceso que incluye toma de huellas dactilares, escáneres de retina y una tarjeta de identificación personal con un código de barras, e incluso a veces rayos X. En la ciudad se aplica además todas las noches un estricto toque de queda a partir de las 22:00 horas, y las fuerzas de seguridad patrullan diariamente por las calles.

Todo este derroche de medios aparece en claro contraste con la insuficiente labor de reconstrucción tan a menudo denunciada por sus propios residentes, que afrontan la vida diaria con la mayor parte de las casa dañadas y todavía sin reconstruir, con la pobreza, el desempleo, y una grave falta de infraestructuras, todo ello a pesar de la promesa hecha por los EEUU de repartir 6 millones de euros y medio entre 20.000 de los afectados y la falta de atención por parte del gobierno iraquí que, a pesar de las estimaciones hechas por parte de ingenieros iraquíes de que serían necesarios 415 millones de euros para reconstruir la ciudad, no ha aprobado nuevos pagos.


 

Faluya resulta pues, el paradigma de lo que ocurre en Irak. Es tan sólo el caso más extremo que encabeza la larga lista de ciudades conquistadas y reconquistadas una y mil veces, empezando por Bagdag, y siguiendo con Hit, Al Qaim, Samarra, Ramadi, Tall Afar, Mosul, Nayaf… Las tropas de EEUU, parece ser, tan sólo pueden estar seguras de tener el control absoluto de un área de Irak cuando han convertido dicha área en un solar, como en Faluya, en el cual todo vestigio de vida humana, excepto el suyo, haya sido completamente erradicado. Si para obtener un verdadero control sobre un punto del país, control efímero por otra parte, las tropas ocupantes han de arrasarlo previamente, queda clara cuál es la verdadera situación que reina en Irak.

Image Hosted by ImageShack.us

Comentarios»

No comments yet — be the first.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: